{"id":8452,"date":"2024-03-11T11:38:00","date_gmt":"2024-03-11T16:38:00","guid":{"rendered":"https:\/\/ys6x38im6k.wpdns.site\/he-aqui-a-tu-madre\/"},"modified":"2024-03-11T11:38:13","modified_gmt":"2024-03-11T16:38:13","slug":"he-aqui-a-tu-madre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/he-aqui-a-tu-madre\/","title":{"rendered":"He aqu\u00ed a tu Madre"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-small-font-size\">Hna. M. Emily Kenkel<\/h2>\n\n<div style=\"height:14px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n<p>Hace poco me contaron la historia de un peque\u00f1o \u00e1rbol de nuestro jard\u00edn en Puerto Rico. El arbolito hab\u00eda echado ra\u00edces en un nicho protegido detr\u00e1s de la casa de nuestras hermanas, que tuvieron la alegr\u00eda de verlo crecer a\u00f1o tras a\u00f1o. Se convirti\u00f3 en un hermoso \u00e1rbol, maravillosamente recto y con una copa perfecta, pronto lo suficientemente alto como para asomarse por encima de los edificios que lo hab\u00edan mantenido oculto.<\/p>\n\n<p>El verano en que el ya no tan peque\u00f1o \u00e1rbol dio sus primeros frutos, un hurac\u00e1n pas\u00f3 cerca de la isla y, cuando la tormenta hubo pasado, las hermanas encontraron su hermoso \u00e1rbol tumbado en el suelo, completamente desarraigado. Lo m\u00e1s interesante era que las ra\u00edces del \u00e1rbol no eran m\u00e1s grandes que una peque\u00f1a bola de tierra en la base del tronco. Aquel \u00e1rbol grande y hermoso nunca hab\u00eda desarrollado ra\u00edces fuertes y profundas porque nunca hab\u00eda tenido que enfrentarse al viento ni a las tormentas. No conoc\u00eda las pruebas, las luchas y, en definitiva, la fuerza que surge de perseverar en el sacrificio.<\/p>\n\n<div style=\"height:14px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">HE AQU\u00cd A TU MADRE<\/h2>\n\n<p>Durante este tiempo de cuaresma, nos preparamos para conmemorar el momento culminante del a\u00f1o eclesial, la celebraci\u00f3n del mayor sacrificio de amor de la historia de la salvaci\u00f3n: la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo. Mientras caminaba hacia el Calvario y era \u00ablevantado de la tierra\u00bb (Jn 12, 32) en la cruz, Mar\u00eda permaneci\u00f3 fielmente a su lado, ofreciendo el sacrificio de su propio coraz\u00f3n en perfecta uni\u00f3n con \u00c9l. Permaneci\u00f3 bajo su cruz. Y desde la cruz, Jes\u00fas nos entreg\u00f3 a su amada Madre: \u00abHe ah\u00ed a tu Madre\u00bb (Jn 19, 27). La Sant\u00edsima Virgen se convirti\u00f3 en nuestra madre espiritual, acogi\u00e9ndonos en su maternal cuidado y aceptando con gran amor la tarea de caminar con nosotros por el camino del cielo. Pod\u00eda entregarse con amor materno incondicional, porque las pruebas de la vida hab\u00edan ensanchado y fortalecido su coraz\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo?\u00bfCu\u00e1l era su secreto?<\/p>\n\n<div style=\"height:14px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">EL \u00c1RBOL DE LA GRANDEZA FEMENINA<\/h2>\n\n<p><p>Aqu\u00ed es donde entra en juego la imagen del arbolito. Su secreto es el mismo secreto que yace oculto a nuestros ojos en el s\u00edmbolo de un \u00e1rbol: sus ra\u00edces. Al Padre Kentenich le gustaba utilizar la imagen de un \u00e1rbol para describir la esencia de la verdadera feminidad. Lo llamaba el \u00e1rbol de la grandeza femenina &#8211; una grandeza a la que cada una de nosotras est\u00e1 llamada por Dios, independientemente de la vocaci\u00f3n espec\u00edfica que tengamos en la vida. Comparaba las ra\u00edces del \u00e1rbol con la filialidad: una profunda seguridad en el amor de Dios Padre, que se hace cada vez m\u00e1s profunda cuanto m\u00e1s aprendemos a creer en su amor, a confiar en \u00c9l, a depender de \u00c9l, a entregarnos a \u00c9l y a procurar darle alegr\u00eda.<\/p><\/p>\n\n<p>Como describ\u00eda nuestro fundador, las ra\u00edces profundas de la filialidad nos permiten formar el tronco fuerte del amor desinteresado y maternal. S\u00f3lo cuando nos sentimos seguras como hijas del Padre podemos madurar y llegar a ser capaces de entregarnos por los dem\u00e1s. Al mismo tiempo, cada prueba, cada lucha y cada sacrificio de amor abnegado que se nos pide fortalece y profundiza nuestra filialidad cuando nos mantenemos firmes de la mano del Padre Dios.<\/p>\n\n<p><p>Finalmente, para el Padre Kentenich, la copa del \u00e1rbol simboliza una visi\u00f3n intuitiva de la verdad, una sabidur\u00eda que s\u00f3lo proviene de la cercan\u00eda a Dios. Cuando nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 en orden, podemos ver claramente la voluntad de Dios sin confundirnos con emociones, actitudes y deseos egoc\u00e9ntricos. De este modo, una mujer tambi\u00e9n se vuelve transparente: los dem\u00e1s pueden ver a Dios en ella y a trav\u00e9s de ella. Crea una peque\u00f1a atm\u00f3sfera de cielo a su alrededor: una atm\u00f3sfera de luz, amor y verdad.<\/p><\/p>\n\n<p>Todo esto junto constituye la belleza de la naturaleza femenina que Dios nos ha dado y la tarea que Dios nos ha encomendado para nuestro mundo: servir a los dem\u00e1s, enaltecer los dem\u00e1s y conducir a los dem\u00e1s hacia \u00c9l. Ya estemos llamadas a la vida matrimonial, a la vida soltera o a la vida consagrada, a cada una de nosotras se nos pide desplegar la belleza de la feminidad en la filialidad, la maternidad y la pureza transparente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una reflexi\u00f3n para este tiempo de cuaresma sobre la belleza de la naturaleza femenina que Dios nos ha dado<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":8000,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"off","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","_piecal_is_recurring":false,"_piecal_recurring_interval":1,"_piecal_recurring_frequency":"","_piecal_recurring_exact_position":false,"_piecal_recurring_end":"","_piecal_color":"","_piecal_text_color":"","_piecal_global_color_master":false,"_piecal_rsets":"[]","_piecal_is_event":false,"_piecal_start_date":"","_piecal_end_date":"","_piecal_is_allday":false,"footnotes":""},"categories":[27],"tags":[],"location":[],"class_list":["post-8452","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-discernimiento"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8452","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8452"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8452\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8455,"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8452\/revisions\/8455"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8000"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8452"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8452"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8452"},{"taxonomy":"location","embeddable":true,"href":"https:\/\/schoenstattsistersofmary.us\/es\/wp-json\/wp\/v2\/location?post=8452"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}